
El llamado que jamás devolví.
Mensaje que no contesté.
La lágrima que jamás lograste que se me cayera.
Carta que no contestaría.
Beso que no te daría.
Mentira que desaparece (verdad).
Las copas de champagne que nos debemos y ni te cuento de las tazas de café. Kilómetros de chicle para masticar de a dos.
El soldadito de plomo que perdió mi hermano.
Mails que no llegaron.
Las miradas nunca devueltas.
Sonrisas que perdieron su pareja, que ya no se contagian de rostro en rostro.
El dos de copas que desapareció del mazo impide que sigamos jugando.
Los cigarrillos que fumamos juntos años atrás (cuando fumaba).
Los segundos que jamás pasé con vos.
Fotos que me robaron.
Foto que nunca te saqué.
Pensamientos jamás revelados.
Y tantos golpes merecidos que tenías.
NADA DE ESO EXISTE. NI VA A EXISTIR.
Pero sin embargo, no olvidé nada. ¿Será que todo esto existe?
Y AHORA, SUCUMBIR EN LA SUPERFICIALIDAD:
Una mujer se da cuenta si un hombre está bueno según cómo le queden los jeans.
(Muchas cosas se pueden deducir de esto)